Una foto en el diario de hace algunas semanas me sorprendió con el siguiente comentario: “Científicos proponen iniciar ahora la colonización del planeta Marte” (Emol, Mundo gráfico, 16 de noviembre 2010).
Esta noticia, junto con llamar mi atención por la inquietante propuesta de llevar seres humanos a Marte (debido al incierto futuro de la tierra, hum), me hizo recordar otro texto: la descripción que hace Augusto Grosse de la colonización de la Patagonia chilena, y la narración de sus viajes por territorios en su momento inexplorados. ¿Quién podría creer que hacia 1930 el “Ministerio de Tierras y Colonización” dedicaba buena parte de sus esfuerzos a las grandes extensiones del sur que poco o nada se conocían, y que muchas veces ocupaban espacios en blanco en los mapas?
A continuación les presento algunos fragmentos de “Visión histórica y colonización de la Patagonia occidental” (Santiago, 1986), acompañada de un par de imágenes -tomadas por nosotros hace algún tiempo- del sector de la cuesta Queulat, que todavía conserva algo de aquella magia.
“Aunque disfrutaba de un puesto seguro en el centro de Chile, me sentía cada vez más atraído por el sur del país. No por la región ya en pleno desarrollo cuya estación final es Puerto Montt, sino más bien por la entonces aún misteriosa Patagonia, cuya parte occidental pertenece a Chile y que se extiende desde Puerto Montt hacia el sur hasta Magallanes y Tierra del Fuego. Ese era territorio nuevo. Grandes manchas blancas en el mapa lo designaban como ‘inexplorado’. ¿Cómo resistir a la tentación de ir a meter las narices en un territorio cuyo suelo nunca antes había sido pisado por hombre alguno?”
-
“Una casualidad orientó súbitamente todo el transcurso de mi vida hasta ese momento hacia otra dirección. Conocí a un miembro de la familia Junge y por él supe que el gobierno lo había comisionado para organizar algunas expediciones en los últimos tres años, en la región occidental de la Patagonia, más precisamente en la provincia de Aisén de reciente creación. Me contó que el gobierno estaba muy interesado en abrir este poco conocido territorio a la colonización, ya que podría representar para el futuro de Chile una extraordinaria fuente de riqueza. [...] Al mismo tiempo habría que determinar si ese territorio se prestaría para la colonización y qué posibilidades habría para la construcción de una red de caminos. Esta era una perspectiva de trabajo muy interesante, para la cual mi nuevo amigo, Max Junge, había sido contratado por el Ministerio de Tierras y Colonización.” (8)
-
-
“Dondequiera se hablaba de Patagonia, uno comenzaba por imaginarse una pampa de inmensas dimensiones en la que pastorean millones de ovejas. [...] Pero generalmente se pasaba por alto que configuran también el paisaje patagónico volcanes nevados, hermosos lagos enclaustrados en la tupida montaña, torrentosos ríos, selva virgen espesa y siempre verde, y majestuosos glaciares.”
-
“La lluvia y el viento norte nos mantienen recluidos en el campamento; pero en la tarde nos aventuramos a recorrer en bote un pequeño fiordo que figura en el mapa con el nombre ‘Queolat’*. Las empinadas orillas desaparecen en las nubes, a ambos lados; hermosas cataratas se deslizan desde las alturas. Un estruendoso retumbar nos hace suponer la existencia de glaciares colgantes más arriba. Con sol y cielo despejado debe tenerse una visión maravillosa desde aquí. Pero con lluvia y vientos entre estas gigantescas paredes nos sentimos como atrapados en una caldera bruja.” (25)
*Ver entrada Ventisquero colgante.



